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Cuando el carnaval se llenó de silencios

Jueves, 15 de octubre de 2009

A treinta y tres años del Operativo Independencia

Imaginamos un día de calor, era febrero. El 9 de febrero de 1975, para ser más exactos. Ante la atónita mirada de los pobladores, el ejército, con tres mil hombres y un despliegue opulento de su maquinaria de guerra, entraba en el pueblo de Famaillá —ubicado al sur de la provincia de Tucumán, donde luego se asentaría el comando táctico del Operativo Independencia— con la intención de combatir contra la guerrilla instalada en el monte tucumano.

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De lo que pasó ahí hasta 1976, poco se sabe o poco se quiere saber, pero hagamos un poco de historia.

En 1975, presidía el país María Estela Martínez de Perón, quien cediendo ante presiones militares, de grupos económicos ligados al capital foráneo y de sectores políticos, firma el decreto 261/75 con el acuerdo general de ministros. El Operativo Independencia cuenta así con un marco de “legalidad” que habilita el inicio de prácticas sociales genocidas en el territorio nacional.

Tucumán presentaba un espacio de múltiples y diversas formas de resistencias populares. La construcción de una historia de luchas gremiales, políticas, estudiantiles, culturales, indígenas y sociales se ve arrasada por la militarización ejecutada por el Operativo Independencia; el cual, llevado a cabo en la zona de Famaillá, abre un período histórico, en el que se configuran (como objetivo buscado) las subjetividades y formas de relación de la población, no sólo en el periodo indicado (desde febrero de 1975) sino que, incluso, llega hasta nuestros días.

Se modifican formas sociales, políticas, económicas y culturales; formas claves en la vida social y en la construcción identitaria. Esta frase, que relata el objetivo amplio del Operativo Independencia, más allá de su intención declarada y nunca bien especificada de “eliminar los elementos subversivos que actuaban en la zona”, se extiende luego de 1975 a todo el territorio nacional. Ya había una escuela y laboratorio donde hacer de ciertas prácticas, como los secuestros, desapariciones forzadas de personas, apropiaciones de niños y creación de campos de concentración donde se torturaba y asesinaba. Estas metodologías se rearmarán en lógica represiva para grupos más extensos, en el nivel nacional y continental. El espectro se amplía y diversifica con estas nuevas bases trazadas por el imperio norteamericano en su “Doctrina de Seguridad Nacional” de los años sesenta, que instala, por ejemplo, en la ideología de todas las Fuerzas Armadas de América Latina (a excepción de Cuba), un concepto ampliado y nuevo de enemigo: el enemigo interno.

Hoy en día, a treinta y tres años de aquel caluroso febrero de 1975, donde las festividades de carnaval se colmaron de botas y terror, las formas de relación de los pobladores del sur tucumano, no encuentran —todavía— maneras de reconfigurarse. Las formas oficiales de narrar la historia continúan presentes. Las líneas de continuidad, la impunidad latente, aquellas construcciones no sólo políticas, sino económicas y culturales, hace que los pobladores de Famaillá continúen llamándose al silencio (tal vez, como antigua forma de supervivencia), mientras las nuevas generaciones crecen en este espacio donde las preguntas suelen ser silenciadas. Empero, cuestionan tras los fantasmas y el terror duradero.

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Actualmente, más allá de los vitales juicios a los principales implicados en el genocidio perpetrado desde la década de 1970, juzgamientos entrecortados y burocratizados, inconclusos y lentos, que tampoco, por ahora, logran recorrer todas las líneas de responsabilidad en el tema; más allá, decimos, de este espacio de búsquedas de justicias, se vivencian formas de continuidad de las personas que construyen su poder en el silencio y el terror, presentes. Lugar de sostén de variados actores políticos, económicos y sociales. El sistema neoliberal se para sobre los genocidios perpetrados en el territorio, genocidio declaradamente económico, pero también político, social y cultural, que llevan a fijar roles y lugares en la población.

«¿Cuándo nos hemos convertido en subversivos, nosotros?»

En los planos políticos, sociales y culturales, son mayores las impunidades y silencios que recorren las rutas entre los pueblos del sur tucumano: la denominación de “época de la subversión” es un momento nítido en el relato histórico. No hay mayores posibilidades de cuestionamiento de la figura del “subversivo” construida por el perpetrador genocida, en aquella época, y presente hoy en día. Las luchas obreras, estudiantiles, populares no logran articularse a sí mismas, como en el país todo, en formas de contrahistoria que lleve un relato, una forma de identificación en el tiempo para los pobladores de Famaillá. Faltan “porqués” y abundan cierres, fantasmas y dudas.

Es indispensable, entonces, reconstruir los hechos, discriminar a los responsables y cortar con las líneas de impunidad.

Son muchas las voces acalladas en el sur tucumano, de los sobrevivientes de dicho proceso que ostentan con temor, dolor y culpa las cicatrices del desamparo social. Son estos lugares, que abarcan a la sociedad toda, los que pueden y deben resignificarse. Ante el silencio impuesto y continuo, tras más de tres décadas de injusticia, se presentan los interrogantes que posibilitan más respuestas de las oficiales:
¿Por qué Tucumán?
¿Por qué Famaillá?
¿Qué otra historia hubiera sido posible?
¿Quiénes participaban de aquel “escenario de guerra”?
¿Qué factores traen el voto a Bussi como gobernador en “democracia”?

Y como indicó un entrevistado: “¿Cuándo nos hemos convertido en subversivos, nosotros?”. Son palabras de otros que se recortan en la garganta de las personas atravesadas por un período histórico sin posibilidad de resignificación hasta el momento.

Aunque parezca un desfase temporal, estas preguntas están latentes en Tucumán. Se vivencia la falta de reorganización social frente a un poder económico que continúa ostentando un poder total, un discurso cerrado y la fijación de lugares de sometimiento para la población, como si los tiempos no hubiesen cambiado realmente.

Por lo tanto, el Operativo Independencia muestra y consolida la necesariedad desde el poder, los apoyos de grupos empresariales y económicos —de dentro y fuera del país—, de cambiar la sociedad para continuar con la explotación capitalista. De nuevo —si bien, de distintas maneras—, se busca rearticular relaciones y formas culturales para el sometimiento, ya sea en democracia o en dictadura.

Es entonces cuando podemos considerar al Operativo Independencia como la puerta abierta, en tanto proceso legal y legitimado por un gobierno democrático, para cambios y rupturas dentro de la sociedad a través del tiempo.

Se pueden elaborar sus efectos y continuidades en la disputa por el destino de la Jefatura de Policía, edificio que funcionó como centro clandestino de detención, o las intenciones del presente gobierno provincial de poner en venta no sólo este edificio clave para la memoria colectiva, sino también varios sitios históricos.

Asimismo, el miedo y el dolor permanecen como forma de procesar esa historia en la población tucumana. Lo que se trasmite es la inactividad. Los jóvenes conviven con esta realidad construida desde la represión. El “borrado” construye este espacio donde hay pocas alternativas sociales. Los procesos se hallan desarticulados.

Empero, las nuevas generaciones resisten desde el cuestionamiento de estas “normalidades” de la historia. No olvidemos que Tucumán también es el sitio donde se lleva a cabo por primera vez en la historia Argentina el juzgamiento a los culpables por genocidio. Se abren así otras formas de contar, de narrar esa historia impuesta desde los grandes medios de difusión.

El Operativo Independencia desarticuló, rompió acciones sociales y los lazos solidarios; e insertó la paranoia y la delación, creando un caleidoscopio a partir del estallido de las formas de relación cotidianas, instaurando un momento clave en la historia que nos trae un hoy, en Famaillá, en el que falta la presencia de un contradiscurso que pueda volver a contar la historia. La reconstrucción del proceso represivo, llevado a cabo desde la década de 1970, rompe y no permite sutura. Sigue abierto.
Dentro de las formas de relación cotidianas, la figura del “fantasma”, los “aparecidos”, “sobrevivientes”, que recién comienzan a contar su historia, no poseen —aunque se van organizando para concretarlo— un anclaje identitario grupal, una historia que rearme lo social roto en mil pedazos y dentro de la caleidoscópica realidad que impide concebir roles, lugares, historias y vivencias, más allá del discurso del perpetrador. Se percibe la ausencia buscada de un sostén grupal que les permita ser actores sociales en la lucha por el relato histórico.

La “época de la subversión” continúa señalando la historia del sur de Tucumán. La desmemoria impuesta es larga y, esperamos, no duradera. Hoy por hoy, continuamos armando el rompecabezas de los efectos de dicho período a través de la historia que puja por salir, de la mano de sus protagonistas, de las búsquedas de justicia, de los caminos entrecortados, pero abiertos en esa memoria en construcción. La raíz de la historia es, en sí misma, una manera de encontrar el lugar en el mundo social, que suele presentarse como ajeno. El continuar con las resistencias y las luchas es también otra forma de hacer un presente que resignifique un pasado abierto y continuo.

por GIGET (Grupo de Investigación sobre el Genocidio en Tucumán)
fotos Germán Botrugno

GIGET es un equipo independiente de trabajo interdisciplinario integrado por la bernalense, Flavia Angelino, Pedro Benedit, Margarita Cruz, Ana Sofía Jemio y Carlos Exequiel Monteros, que realiza una investigación en la localidad de Famaillá sobre las características y consecuencias que tuvo el genocidio que se desarrolló durante el Operativo Independencia y la última dictadura militar, como parte de la reconstrucción de aquello que el genocidio intentó borrar de la memoria colectiva. Así también, trabaja con la reconstrucción histórica de la lucha del pueblo, sus protagonistas y sus modos de organización.

Dardo Abbattista Argentina y el mundo

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