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Guitarra negra con Zitarrosa (Parte 1)

Domingo, 8 de abril de 2012

ZitarrosaAquella tarde, todo avanzaba sin remedio hacia la melancolía y, para espantar a los fantasmas que acosan, invité a la música: casi como siempre, Guitarra negra, de Alfredo Zitarrosa. Así nació, espontáneamente, una imaginaria conversación con Alfredo, abrazados a una amante compartida: la melancolía. Ficción y realidad en su interminable e infinito juego. Momento exacto, para mí, de revivir con él, revoluciones y memorias, ideas, sueños, discos, cartas, amores y desamores, imágenes y poemas, canciones y milongas, persecuciones y exilios. Mano a mano, como en el truco, con pasión, mirándonos fijamente a los ojos, sin concesiones. Sigo tu huella, “Che”, cuando decís: “A los amigos se los critica de frente y se los elogia por la espalda”. 

Pero, si yo no conocí a Alfredo; es más, nunca lo vi en mi vida, ah pero ¡que importa!, si siempre está conmigo de mil maneras diferentes, de mil entrañables milongas diferentes (como este encuentro, en su morada de la inmortalidad). 
¿Qué tomás, Alfredo? ¿Mate o vino o, mejor, te sirvo un whisky? 
Empecemos con un tinto —sentencia— mientras un negro aparece en sus labios, lo prende lentamente esperando el placer de la primera bocanada de humo. 
Nuevamente “Guitarra negra” (España1977). En su viaje interminable por mi memoria, me lleva a preguntarle: 
¿Te acostumbraste al desuso de tu alma, a la razón del enemigo como a tus sesenta cigarrillos diarios? 
En realidad, el uso de mi alma y la razón del enemigo pueden cambiar. Mis sesenta negros, no. Son una parte de mí, como mis dos hijas, Peñarol, el whisky, el mate, el truco y el socialismo. 
¿El socialismo en armas? 
Te contesto con un pedacito de milonga: “No hay cosa más sin apuro que un pueblo haciendo la historia”, y ayuda a mi respuesta “Milonga cañera” cuando dice: “He venido caminando/ desde Artigas hasta acá, / todo el camino gritando/ ‘Viva Sendic y UTAA’”. Y termino sin milongas, no me interesan las elecciones, los que no tienen plata siempre viven en alpargatas y todo sigue igual. Revolución o nada. El pueblo es luz, entonces, cuando el pueblo quiera, como quiera, allí estaré. 
¿Qué imágenes de la cuna y la niñez no borró el tiempo? 
Hagamos un poco de historia. Soy hijo natural; de mis padres, mucho no me acuerdo, sólo recorre mi memoria una familia generosa que me crió, los Duran-Carabajal. No eran mis padres y yo lo sabía. Cuando el viejo queda viudo, lo acompañé hasta el final. Se llamaba Carlos, y era milico. 
El día que nació mi hija mayor, escribí de un tirón “Chamarrita de los milicos” en su honor. De muy chico trabajé al servicio de los Irazabal. Allí empecé a entender al hombre de campo, sus dichas, que son muy pocas, y sus angustias, que son tantas. Conocerlo profundamente fue mi fuente inspiradora. 
¿Cuándo aparece el apellido Zitarrosa? Porque Blanca, tu mamá, te anota con el suyo, Iribarne. 
Cuando aún era un niño, mi madre se casa con un argentino llamado Alfredo Zitarrosa: él me prestó el apellido. De esa unión nace mi única hermana, Cristina. 
¿Cuándo y cómo nace la música en tu vida? 
La culpa fue de mi inolvidable maestra de cuarto grado, Esmeralda Ibalde, la misma que me enseñó a usar el microscopio. Ella forjó buena parte de mi personalidad musical y cultural. 
Descubrí el disfrutar de Fidias, de Beethoven. ¡Pensar que en cuarto grado prefería el microscopio al fútbol! Pero en el exilio resultó al revés: la pelota era una de las pocas cosas que llevaba en la maleta. 
A los ocho años, mi madre me llevó al programa de radio El precoz tenor. Canté “Ay, ay, ay”, del chileno Pérez Friere. Los diez pesos que había que pagar por cada audición nos hizo imposible continuar. Éramos pobres. 
Su vaso queda vacío, por costumbre aparece un negro en los labios. El vaso vuelve a estar lleno y la espesa bocanada de humo crea una nueva atmósfera y desaparece la cronología de las preguntas. 
¿Cuál fue tu mayor dolor, tu más pro- funda angustia y tu máxima alegría? 
Abandonar el “paisito” (cariñosamente, Uruguay), acostumbrarme a las voces del exilio, crueles y demoledoras. Un pedacito de Guitarra negra es la mejor imagen del dolor que significa estar lejos y no ver: “Mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo”. El dolor y la angustia, en este caso compañero, son hermanas, hermanas gemelas. 
Guardo en mi corazón dos grandes alegrías, pero te contesto con una frase que no es mía: “Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, estamos acos- tumbrados”. La primera, mi regreso a Montevideo en 1983, luego de ocho años, un mes, tres semanas y un día de exilio en Argentina, Madrid y Méjico. Me recibió el pueblo en la calle con banderas, aplausos y flores.
El paso del auto desde el aeropuerto hasta el estadio Centenario fue una verdadera fiesta popular. El concierto final tuvo dos inolvidables significados: el reencuentro con mi pueblo y el fin de la dictadura.

Editor Argentina y el mundo

Amor de verano

Sábado, 11 de febrero de 2012

Dulce amor de verano
que encendiste mi vida
y mi corazón.
Amor
que como el sol quemaste
y penetraste mi piel.
Que como la luna
iluminaste mi rostro
mis cabellos y
perfumaste mi ser.
Que como los grillos
danzaste a mi lado
saciàndome de alegrìas
Dulce de amor de verano
por ti sentí
correr màs palpitante
la sangre en mis venas
y mis pensamientos…
mis pensamientos
estaban en vos.
Dulce amor de verano.

Por América Argentina Trgovcie en su libro A pesar de todo.

Editor Poesia

Quilmes

Lunes, 2 de enero de 2012

Mi querida Quilmes
ciudad de las casas bajas y los altos edificios
con La Rambla y la radiante Rivadavia.
Con sabor a cerveza fresca,
con plazas y parques donde juega un niño,
donde un anciano fuma su pipa.
La bonita Quilmes con la vieja Estación,
el Museo del Carruaje y la ancha Calchaquí
cuna de los Kilme, padres del lugar.
Quilmes del ayer, Quilmes de hoy
con “Clavelito”,
con Aldo Severi el Quinquela quilmeño.
Con Manuel Oliveira dueño del color
y Mirita Bollo, la historia viviente.
Agustín y Raúl Botaro pilares del comercial
¡Cuántos vecinos ilustres
la hicieron grande, importante, gigante del sur !
!Oh Quilmes!,
mi tierra donde nací, crecí
y me hice mujer.

De América Argentina Trgovcie, en su libro
“A pesar de todo”

Editor Poesia

Cebadura

Lunes, 19 de diciembre de 2011

Aquí está el mate que te regalaron,
están los libros y cosas que quisiste,
fotos de compañeros que tuviste,
amigos fieles que te acompañaron.

Todo sigue esperando que regreses
a calentar el aire de la casa,
en el silencio siento que algo pasa
y me parece oírte algunas veces.

Pero la vida sigue y desfilamos
actuando el personaje que nos toca,
gastando lo que resta de ternura.

Por el camino de lo que añoramos
el gusto del amor se fue en tu boca,
vive esperando en otra cebadura.

Pedro Soto, en la Gaceta Literaria Huaymocacasta, volumen x al xvi.

Editor Poesia

Celebración solemne

Viernes, 9 de diciembre de 2011

Amor el amor y es no es poco.
Lo amo en su esencia, alborotado
lo amo en torbellino, casi loco
y lo amo en presente y en pasado.

Lo amo en entrega, en verdad
como si fuera lo ùltimo que hago
y si amo en soberna a libertad,
desventuras, desdidchas yo desahogo.

Amo las almas y las cosas,
aclaro con total inclinación
quien las convierte hermosas
las que busco en realidad y en la ficción

sujeto a ese sentimiento que me impusla
amo todo lo que tengo con esmero
por ese ningún acción sérá insulsa,
ni intrasnsitales los senderos.

Amo al amor, imprescindble,
la amo con vistas el futuro ese sentimiento intangible
aferrado a él, es que perduro.

De
Rubún Techera Moreira en la Gaceta Liretaria Huaymocacaasta

Editor Poesia

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