Cuando el carnaval se llenó de silencios
A treinta y tres años del Operativo Independencia
Imaginamos un día de calor, era febrero. El 9 de febrero de 1975, para ser más exactos. Ante la atónita mirada de los pobladores, el ejército, con tres mil hombres y un despliegue opulento de su maquinaria de guerra, entraba en el pueblo de Famaillá —ubicado al sur de la provincia de Tucumán, donde luego se asentaría el comando táctico del Operativo Independencia— con la intención de combatir contra la guerrilla instalada en el monte tucumano.
De lo que pasó ahí hasta 1976, poco se sabe o poco se quiere saber, pero hagamos un poco de historia.
En 1975, presidía el país María Estela Martínez de Perón, quien cediendo ante presiones militares, de grupos económicos ligados al capital foráneo y de sectores políticos, firma el decreto 261/75 con el acuerdo general de ministros. El Operativo Independencia cuenta así con un marco de “legalidad” que habilita el inicio de prácticas sociales genocidas en el territorio nacional.
Tucumán presentaba un espacio de múltiples y diversas formas de resistencias populares. La construcción de una historia de luchas gremiales, políticas, estudiantiles, culturales, indígenas y sociales se ve arrasada por la militarización ejecutada por el Operativo Independencia; el cual, llevado a cabo en la zona de Famaillá, abre un período histórico, en el que se configuran (como objetivo buscado) las subjetividades y formas de relación de la población, no sólo en el periodo indicado (desde febrero de 1975) sino que, incluso, llega hasta nuestros días.
Se modifican formas sociales, políticas, económicas y culturales; formas claves en la vida social y en la construcción identitaria. Esta frase, que relata el objetivo amplio del Operativo Independencia, más allá de su intención declarada y nunca bien especificada de “eliminar los elementos subversivos que actuaban en la zona”, se extiende luego de 1975 a todo el territorio nacional. Ya había una escuela y laboratorio donde hacer de ciertas prácticas, como los secuestros, desapariciones forzadas de personas, apropiaciones de niños y creación de campos de concentración donde se torturaba y asesinaba. Estas metodologías se rearmarán en lógica represiva para grupos más extensos, en el nivel nacional y continental. El espectro se amplía y diversifica con estas nuevas bases trazadas por el imperio norteamericano en su “Doctrina de Seguridad Nacional” de los años sesenta, que instala, por ejemplo, en la ideología de todas las Fuerzas Armadas de América Latina (a excepción de Cuba), un concepto ampliado y nuevo de enemigo: el enemigo interno. Leer más…























































