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Archivo para la categoría ‘Poesia’

Club Quilmes

Domingo, 7 de agosto de 2011

Allá por el 22
más o menos hasta el 30,
todavía se comenta
con nostalgia y emoción,
aunque nunca fue campeón.
A un equipo de muchachos
que regalaban un cacho
del alma en cada jugada
brindándole así a la hinchada
su juego viril y macho.

Era Tosta el guardavalla
vivaz y ágil como un gato,
con Villarino, Storgato,
formaban una muralla.
Pocas veces a las mallas
la pelota iba a buscar,
y luego si al terminar
el partido lo perdían
lo mismo los despedían
con un aplauso sin par.

La línea media formaba
Magrini, Ramos, Martínez,
eran jugadas de cine
las que estos craks se mandaban,
90 minutos daban
de vergüenza deportiva
porque allí en el pecho viva
esa divisa tenían
y toda el alma ponían
para verla siempre altiva.

Allá en la punta derecha
la pareja colosal
de Arrillaga y Sandoval
con miles de cosas hechas
siempre encontraban la brecha
y hasta el arco se metían…
de las tribunas partían
los aplausos delirantes
por las jugadas brillantes
que estos colosos hacían.

En la otra punta jugaba
el negro macho Mandile…
Hace unos cuantos abriles
la muerte se lo llevaba.
El juego que se mandaban
con vos Quadrio, ¿te acordás?
Hoy que ya duerme en la paz
del sueño eterno lo añoro
porque fue de un tiempo de oro
que ya no vuelve jamás.

Te veo todos los días
Emilio por Rivadavia.
Si habrás mordido de rabia
tus puños cuando perdían.
Fue tu mayor alegría
darle a Vázquez la de cuero,
que fue para los arqueros
el terror por su patada
y el delirio de la hinchada
aquellos golazos fueron.

Mientras tanto en los tablones
don Brígido y Juan Romero
revoleaban los sombreros
al desbordar de emociones.
Tras de aquellas expresiones
¡Alma los blancos! nació,
en el alma se prendió
de la hinchada y se hizo carne…
Si hasta Panchito Iribarne
gritando se enronqueció.

¡Ah, Quilmes Athlétic Club!
de Juan Polini y Jordán,
que en los recuerdos están
como ejemplos de virtud.
Aquí por la zona Sur
en la década del 20
colocaste bien al frente
lo hermoso de tus colores
porque once gladiadores
siempre, siempre iban al frente.

De Juan Arrestía …por esas calles de Quilmes.

Editor Poesia

Club Argentino de Quilmes

Domingo, 7 de agosto de 2011

Viejo y querido Argentino
de Quilmes, institución
que se ganó el corazón
de la ciudad que camino.
Viejo y querido Argentino,
tu grito ¡arriba Los Mates!
va resistiendo el embate
de casi un siglo de vida
sin que mellen tus partidas
triunfos, derrotas o empates.

Importó la bizarría
de lo mucho que has logrado.
Importa lo que has ganado
con rectitud e hidalguía.
¡Viejo Argentino, si un día
alguno quiere escribir
un libro para decir
lo que para Quilmes sos,
seguro dirán de vos
del pueblo el grande sentir.

La sombra de Juan Botazo
y de Pedro Calomino
aún alumbran el camino
de éxitos o fracasos.
¡La sombra de Juan Botazo!
la metálica cortina…
Mi frente toda se inclina
ante el recuerdo del ruso
que defendiéndote puso
del alma sus vitaminas.

Fosati, las estiradas
que te mandabas de arquero
alma pura de potrero
ponían en cada jugada.
Me parece ver la hinchada
vivándolo a de la Serna
cuando metía las piernas
llevándose la redonda,
porque en esas bravas rondas
no existían cosas tiernas.

Añoranzas solo quedan
de Danaher, de Escobar
para el que los vio jugar
igual que a Manuel Tejeda
nostalgias sólo nos queda
de aquellos tiempos de oro
donde hasta don Isodoro
Iriarte se la jugaba
y allí en el campo dejaban
alma, verguenza y decoro.

Cuando salieron campeones
si es que no me falla el bocho
allá por el 38
dando mil satisfacciones
a los que allí en los tablones
tu nombre iban coreando
me parece oír gritando
chiquita pero de garra
al Bebé Ciani y su barra
que el tiempo fue dispersando.

Sólo a dos de aquellos nombro
y nombro a todo el equipo,
Baztarrica, prototipo
de las jugadas de asombro…
Y atrás poniéndole el hombro
Ongaro con su prestancia,
con su viril elegancia
que en el terreno ha dejado,
¡qué lejos todo ha quedado!,
qué lejos en la distancia.

¡Viejo y querido Argentino
de Quilmes institución
que se ganó el corazón
de la ciudad que camino!

De Juan Arrestía, en su entrañable trabajo …por esas calles de Quilmes.

El libro del poeta nochero, se encuentra en la Biblioteca Pública “Domingo Faustino Sarmiento” (Mitre esquina Alem).
4253-0156.

Editor Poesia

Imágenes

Miércoles, 27 de julio de 2011

(dedicado a un fotógrafo,
Don Alcibíades Rodríguez)

Es invierno, hace frío.
Tomó su gorra, su bastón,
también su cartera,
cruzó las calles quilmeñas
llegó a la estación.
Encontró un niño,
un pájaro,
miró la cornisa de un viejo edificio.
Disparó su cámara,
captó su imagen.
Sonrió…
Alcibíades, el maestro.
El hombre dulce,
el luchador incansable.
Cuanto cariño les regala a todos.
El de la mirada profunda
el orgullo quilmeño.
¡Qué macanudo que sos!
Disparó su cámara,
captó su imagen.
Sonrió…

América Argentina Trgovcie, de su libro, (A pesar de todo) publicado en 1995 por Ediciones Mensajes.

Editor Poesia

Carbón

Sábado, 4 de junio de 2011

Un 25 de Mayo fui negro
corcho quemado en los cachetes,
un escenario de tablas y
velas en racimo colgadas de un palo.
Yo era un negro de carbón…
que vendía velas
cuando la maestra enseñaba y
la Buenos Aires colonial era pintoresca.

Con el tiempo, sin tizne en la cara,
mi retrato de negro de primer grado sirvió de carta de presentación
ante el pigmentado caribe de mis 2 amores.
Amigos negros rieron ante mi foto y el hollín
¡Negros contentos! Como el verso de Tuñón
nunca hubieran imaginado mejillas de betún como las mías.

Hoy,
después de 40 años pisé nuevamente las tablas,
el mismo escenario y el acto del 25 de Mayo.
Hoy concurrí deshollinado, profesor,
en el bolsillo la antigua imagen del negro que ya no soy.
Hoy nadie vendió velas.

Ariel Hartlich

Editor Poesia

Los vecinos que miran

Jueves, 12 de mayo de 2011

En un descuido errático del tiempo
cruzó el umbral del sol,
se fue tras la llovizna
y se perdió en el cielo mansamente.
Los vecinos que miran
dijeron que llevaba el corazón abierto.

Mi niñez lo recuerda con ropa de trabajo,
riguroso uniforme con casco y anteojos,
tarareando un silbido.
Montado en el andamio cantaba con el viento,
reía en guaraní como los pájaros.

La casa lo escuchaba,
sabía sus blanduras cotidianas,
en plenitud
le fue volcando todo su silencio.

Hoy encontré un recuerdo con sus pasos
y un gesto parecido en el espejo.
En el umbral del sol voy tarareando,
los vecinos que miran,
salgo a ordenar aromas de la tarde,
arrimo leñas al fuego memorial de los relojes.

Los vecinos que miran
responden mi saludo,
sonríen…
y percibo
un murmullo de amor y picardía.
Tal vez han advertido
mi ropa cotidiana de torpeza.

Me brota del silencio una pregunta:
¿habrán visto el recuerdo
y el gesto parecido de mi espejo?

Pedro Soto

Editor Poesia

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