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Archivo para la categoría ‘Quilmes’

Las olimpíadas de Wilfrido Franco

Viernes, 3 de Septiembre de 2010

El ultramaratonista quilmeño con sangre guaraní y española abrigaba un sueño: unir Tucumán con Quilmes, a las zancadas limpias. Lo había intentado en el año 2006, cuando arrancó de la Quilmes Huasi que, como cuenta el cacique Pancho Chaile, es la Casa de Gobierno de la COMUNIDAD INDIA QUILMES de Tucumán, en el Valle. Pero, en Oliva, Córdoba, por lesión en el tendón de Aquiles, aquel año tuvo que abandonar su sueño.
Wilma Cabrera, su compañera y madre de sus cinco hijos, una vez, mientras me encontraba en su hogar dialogando sobre la aventura, lo había pronosticado: “Mirá que este loco lo va a volver a intentar”. Wilfrido, que estaba presente, no dijo nada, sonrió y pensó: “Esto se llama conocerme”. Y así, con el cariño de su familia, fueron llegando más y más locos: gremialistas, políticos, periodistas, comerciantes y amigos fueron brindando apoyo y, a caballo de sus misioneras piernas y mensajeros brazos —como un antiguo chasqui—, se lanzó a la ruta, nomás.
La historia dice que salió de la Plaza Independencia, en San Miguel de Tucumán, el 27 de julio y que llegó a la Plaza San Martín de Quilmes el 16 de agosto de este año marcando, en veintiún días, una verdadera proeza tras recorrer 1323 kilómetros. Pero él —acompañado en el camino por dos espirituales indios, por la Unión Tranviaria Automotor y por Dios; el mismo a quien, en un pueblo de Córdoba, lo declararon Ciudadano Ilustre junto con el masajista, la familia y los choferes—, dice mucho más.

wilfrido franco

Wilfrido, muchos pensábamos que ya estaba e, incluso, que a pesar de haberte quedado en Córdoba por lesión, de alguna manera, lo habías logrado corriendo hasta ahí con todas las dificultades que se te habían presentado en el camino: fuiste sin masajista, sin un apoyo sólido de la intendencia anterior, manejando hasta Tucumán con tu ranchera 74 y arrastrando un trailer. Pero, evidentemente, para vos no fue así y sentiste que habías quedado a mitad de camino, y entonces decidiste finalizar con el pleito encarando “a todo o nada”.
¿Cómo mantuviste la idea latente y cómo arrancaste de vuelta?

¿Te acordás de cuando hicimos la carrera simbólica en homenaje a los quilmes, en agosto del año pasado, y me dijiste: “para que no se apague el fuego”? Eso me quedó muy marcado. Salimos de la Escuela 20, de Bernal, vos en bicicleta y yo, corriendo de donde, antes de hacerlo, dialogamos con alumnos y maestras, con aquellos dos policías de Bernal Centro que, muy amables, nos escoltaron de “la veinte” hasta la Escuela 17, de Quilmes Oeste. Acá también di una apasionante charla para casi toda la escuela, organizada por la directora, Marta Luperini, que nos dio la bienvenida. Después de ahí, cruzamos las vías y fuimos caminado por Rivadavia, dimos una vuelta alrededor de la manzana histórica, para terminar tocando la piedra de Teófilo Yapura, que está en la Plaza San Martín. Veía que nos miraban y se me ocurrió que pensarían: “Estos locos, ¿que están haciendo?”. Estábamos como en medio de la selva y queríamos avivar el fuego, tirando hasta la última ramita, porque era lo único que nos podía sostener en la noche, después de que dejé en Córdoba.

Debe de ser una de las convocatorias más chicas de la historia. No creo que alguien nos gane. Salvo que exista alguno que haya convocado y fuese corriendo él sólo (ríe con ganas y, entonces, le insisto): ¿Fue aquella vez que decidiste volver?
Entre 2006 y 2008, sigo entrenando y, en eso, me manda llamar Roberto Fernández, Secretario General de UTA (Unión Tranviaria Automotor). Me quería conocer por un acto en el que yo, como chofer del Nuevo Halcón, había salvado a una mujer baleada. Esto fue una madrugada. Venía de Plaza Constitución, serían las siete, cuando veo una criatura pidiendo socorro con sus manos ensangrentadas y, cuando paro el colectivo para preguntarle qué le estaba pasando, me dice: “A mí, nada, ¡a mi mamá!”. Y me cuenta que, en un intento de robo, le meten un tiro en la cara, que está tirada al lado de una camioneta. Miro, veo la camioneta y acudimos a ayudarla. Cuando bajo y le pido que se incorpore, vi que la nariz la tenía colgando por el impacto del proyectil (ocurrió en Bolivia y Lisandro de la Torre, en Quilmes Oeste y la mujer, que por suerte se salvó, se llama Claudia Dabrantes). Entonces, la subo al colectivo y le digo a los pasajeros que una de dos: o que se bajaran o que viniesen conmigo. Se bajaron, di la vuelta y la llevé directamente a la Clínica Modelo de Quilmes. Ahí le hicieron las primeras curaciones y la derivaron a Capital. A raíz de esto, vinieron periodistas y, a través de Sergio Lapegüe, de TN, se entera Roberto Fernández y me quiere conocer.

¿Qué sucedió en la entrevista?
Me dice lo heroico que había sido, en ese momento, cuando tomé cartas en el asunto dando ejemplo de don de gente. Él estaba agradecido por haber dejado bien parada a la UTA. Me dijo: “Te agradezco por lo bien que nos hiciste quedar porque, a veces, la gente piensa cualquier cosa de nosotros, los colectiveros. Y, aparte, me enteré de que sos atleta. No es común que un colectivero sea atleta. Me entero por TN que presentaste un proyecto para unir Tucumán con Quilmes y recrear el destierro de los quilmes; y que también presentaste otro, pero ya dentro de la Casa Rosada, para apoyar el atletismo en la Argentina”.
Y, en la reunión, el Secretario de Organización de UTA, Mario Marcinkowski me señala: “Quiero que vos, sin vergüenza, te sueltes y me digas todo lo que necesitás para ese proyecto tan anhelado”.¡La pucha!, dije para mis adentros, estamos volando muy alto. “Yo no quiero ser abusivo —continué en voz alta—, pero pienso que usted va a desistir, porque no es fácil cómo miramos la parte laboral cuando en mi ausencia no esté en la empresa”. “Por eso no te hagas problemas, me tranquilizó, que lo manejamos nosotros”.
“Segundo —me embalé— necesito una camioneta, una combi o un colectivo para llevar el equipo, y que ese colectivo se quede conmigo los días necesarios acompañándome en la ruta”. “No te hagas problemas, me dice, dalo por hecho”. Yo me quedé sorprendido, porque la primera impresión que uno tiene ante todo político y sindicalista es: “Este me está verseando”, porque no conocés a la persona hasta que la ves actuar.
Antes —le había dicho—, necesito chequeos médicos y complejos vitamínicos, más cremas, vaselinas, gasas, una caja de primeros auxilios. No sólo para mí, sino para todo el equipo. En primera instancia, es lo que necesito para partir. Después, lo otro puede esperar. “Y ¿qué es lo otro?”, me preguntó. Y le cuento que, tres meses antes del evento, tengo que tener seis pares de zapatillas y que, además, necesito indumentaria deportiva, pantaloncito y remeras que lleven impreso mi nombre atrás y, delante, el nombre de todos los auspiciantes. Un día, me llama Marcinkowski y me dice: “venite para UTA, que tenés toda la medicación y los complejos vitamínicos”; y, cuando llego, me aclara: “Tené cuidado, porque acá hay mil cuatrocientos pesos. ¿Querés que te lo acerquemos o te lo llevás ahora?”. “Me lo llevo ahora”, le contesté sin dudar, y me puse todo eso en la cabeza como pude y me lo traje, alentándome: hice tantos sacrificios en mi vida, que ¿no voy a poder llevar este bolsón?
Unas semanas antes de la entrevista con la UTA, me lo encuentro por el barrio al diputado Daniel Gurzi. Nos saludamos, y me pregunta: “¿Volverías a realizar lo mismo?”. Lo miro con una sonrisa y mi señora, que se encontraba a mi lado, dice: “No, por favor”. Y le digo Daniel: “Acá hay una realidad, lo haría si realmente cuento con todos los materiales para ir a la guerra. Soy padre de familia y tengo que cuidar mis ingresos. Tengo que darle de comer a mis hijos, tengo que darle un estudio, pagar mis cuentas y vivir día a día. No es fácil. Soy un humilde servidor de Quilmes que me pongo a disposición del deporte, pero con esa condición”. “No te hagas problemas, me confió, que ya me pongo a trabajar y a mover todos los hilos”. Él me había apoyado en el 2006 declarando de “Interés Provincial” a mi proyecto de unir Tucumán con Quilmes, y lo volvió a realizar este año. Cuando se sumaron estos apoyos, más aquel fueguito, dije: “¡Allá voy!”. Leer más…

Dardo Abbattista Los Quilmes, Quilmes

El inventor de los dibujos animados

Jueves, 1 de Abril de 2010

Quirino Cristiani

 

Un ejemplo para Disney

El 9 de noviembre de 1917 se estrenaba en el cine Select Suipacha el largometraje “El apóstol”, con el que el dibujante italiano Quirino Cristiani sorprendía al mundo entero con su obra cumbre: la invención de los dibujos animados.

Cristiani, que había nacido el 2 de julio de 1896 en el modesto pueblo piamontés de Santa Guilletta, fue traído por sus padres en 1900 a Buenos Aires. Desde pequeño demostraba su bohemia e inclinación por el arte al obtener algunos “ceros” por distraerse en clase realizando caricaturas.

 

Quirino en su estudio.

Quirino en su estudio.

 

Ingresó en su adolescencia en la Academia de Bellas Artes, pero la calle y las redacciones pudieron más; de esa manera, Quirino comenzó su labor como dibujante en la revista “Sucesos”; luego aportó su oficio a “La Gaceta de Buenos Aires”, para recalar en 1916 en el noticiero “Cine Revista Valle”, su director le encomendó idear movimientos a las caricaturas políticas que divertían a la concurrencia.

Para lograr que las figuras tomasen vida, el pionero de la animación dibujaba retratos humanos y de animales que recortaba en trozos anatómicos. Más tarde los colocaba sobre un pizarrón apoyado en el suelo horizontalmente y en un caballete montaba una primitiva cámara “Urban” con la que accionaba 16 veces su manivela y movía pacientemente los cartones para dar la sensación de un solo movimiento completo del personaje. La luz solar y la azotea completaban el escenario de la fatigosa prueba.

En la realización de “El apóstol” se confeccionaron la friolera de 158.000 dibujos, seis meses de trabajo y 1.700 metros filmados uno por uno por Cristiani. Era una sátira al entonces Presidente Hipólito Yrigoyen y duraba setenta minutos, con el libreto de Alfonso de Laferrere y la producción de Federico Valle.

 

Y ya entonces, la estúpida censura

 

 El precursor italiano sufre la primera censura por parte de la Munipalidad a su largometraje “sin dejar rastros”. Este traspié lo obliga a retomar las actividades periodísticas, trabajando en distintos medios gráficos de la época y elaborando, paralelamente, cortometrajes publicitarios, políticos y deportivos, entre los que citamos “Firpo-Dempsey”, “Humberto de garufa”, “Argentinos en Sevilla”, etcétera, para desempeñarse en 1927 como director de publicidad de la Metro-Goldwing-Mayer e inaugurar el año siguiente su propio laboratorio fílmico.

Quirino emprende la tarea de crear al primer largometraje en el mundo de dibujos animados sonoro y lo logra en 1931, con “Peludópis”, una sátira dedicada, como “El apóstol”, a H. Yrigoyen, con la duración de 80 minutos. Pero, con la revolución de 1930 el gobierno de facto de José E. Uriburu censura esta magnífica obra que, no obstante, es presentada aunque no dura más de un mes en cartel y provoca una pérdida de $25.000 al realizador.

Sin embargo, estas viscisitudes no desanimaron a Cristiani que continuó con los filmes “Carbonada” y “El chiste animado”, hasta que estrena en 1938 “El mono relojero”, basado en un cuento de Constancio Vigil y con la participación en los diálogos de Pepe Iglesias “El Zorro”, recibiendo premios de la Municipalidad metropolitana.

 

“El Mono Relojero” realizada por Cristiani en 1938

“El Mono Relojero” realizada por Cristiani en 1938.

 

 

El mundo de Disney,

el mundo de Quirino

 

Una de las mayores satisfacciones que tuvo Quirino Ciristiani fue la visita que realizó Walt Disney en 1942 a su estudio cinematográfico. Cuando el realizador norteamericano vio “Peludópolis”, se suscitó este diálogo:

 

“Peludópolis”

“Peludópolis”

 

Disney: ¿Con cuánto personal realizó esta obra?

Cristiani: ¿Qué equipo ni personal? Lo realicé todo yo. No sólo la creación de los personajes sino también los dibujos.

D: ¡No puede ser, si nosotros necesitamos 20 dibujantes!

Allí mismo, Disney le ofreció a nuestro artista un puesto en su equipo, pero Quirino rechazó la tentadora oferta porque había echado raíces en Argentina.

Quirino, ayudado por Atilio, el mayor de sus dos hijos, continuó al frente de su laboratorio pero se trasladaba periódicamente a la ciudad cordobesa de Unquillo para encontrarse con el afamado pintor Lino Spilimbergo, hasta que un incendio en 1962 se llevó para siempre la valiosa filmografía pionera del cine mundial obligando a Cristiani aun retiro forzoso. Vivió en Córdoba, más tarde en Wilde y se afincó, definitivamente, a partir de julio de 1980 en la casa de la calle Rodríguez Peña de Bernal, en compañía de su nieto mayor, Héctor y familia.

En 1981 fue invitado a su pueblo natal, donde fue presentado el libro “Due volte 1 Océano” (vida de Quirino Cristiani) de Giannalberto Bendazzi; se le suma a esta hecho el filme-reportaje que llevó a cabo Jorge Surraco presentado en la Escuela Panamericana de Arte.

Pero, ¿de dinero?, ¡Ni hablar! Mientras Wald Disney construía un imperio multimillonario, Quirino Cristiani, su ejemplar antecesor, solicitaba una pensión a la vejez para poder sobrevivir.

Aquejado por un soplo cardíaco, Quirino Cristiani falleció, mientras dormía, el 2 de agosto de 1984 en Bernal, a los 88 años de edad y dejando un legado para sus vecinos quilmeños de quien jamás claudicó ante la tentación del dinero ni el poder; asemejándose a un pájaro que, invocando la libertad, extendió sus alas y se largó a volar.

 

Por Enrique Rodríguez

 

Publicado en el número 1 de Los Indios Kilmes, que salió a caminar, el 10 de junio de 1993. hector_cristiani@yahoo.com.ar, es el correo de su nieto y, Dos veces el océano, el libro del historiador italiano, Gianalberto Vendazzi.

Quirino Cristiani, todavía aguarda que, en Quilmes, alguna plaza, teatro o escuela, lleve su nombre como en Unquillo, Córdoba, el lugar donde también vivió.

Dardo Abbattista Quilmes

Luis… Luis…

Sábado, 27 de Marzo de 2010

Luis Laporte tenía 28 años y “era un pan de Dios. Era pasado de bueno; una vez se fue a Salta y cuando volvió me trajo una quena y tierra de regalo”, cuenta Gabriel, su hermano más chico, que no lo olvida. Vestía todo desalineado y siempre leía. Gabriel todavía lo ve tomando mate en el patio de su casa y escuchando a Hugo Guerrero Martineithz. Ve la sonrisa que el hermano le devuelve a la madre después del enésimo reto: “¿De dónde viniste?, otra vez con los pies llenos de barro”. Luis militaba en la Juventud Peronista y caminaba por las villas de Quilmes para saber en qué podía ayudar. Sus compañeros de secundaria lo llamaban  “Astroboy” porque era un “bocho” y sus notas andaban siempre por las nubes, siempre de siete para arriba. Hace poco sus ex compañeros, después de tanto tiempo, querían volverse a encontrar. Ubicaron su teléfono y lo llamaron: era para invitarlo a una fiesta de egresados. Atendió Gabriel  y les contó lo que había ocurrido, pidiéndoles “si lo pueden recordar”. Un mal día, un día de dictadura, el 16 de agosto de 1977, salía de su casa de Quilmes hacia el trabajo en Lanús. Iba para la fábrica donde era obrero y la dictadura de Videla lo desapareció. Luis, como los de esa juventud maravillosa, los de esa generación maravillosa, estaba bien armado: llevaba a cuestas el bolso de los sueños. Su padre, después de tanto buscarlo y buscarlo junto con su mujer, entrecierra los ojos, se va yendo, está internado en terapia intensiva y no habla ni reconoce a nadie. Él había sido miliciano español y vuelta a vuelta, como era antiperonista, se trenzaba y lo peleaba a Luis. Los médicos ya no pueden hacer más nada y dejan pasar a sus dos hijos, de repente hace un gesto como pidiendo algo. Uno de los hermanos lo entiende y le alcanza rápidamente una lapicera y una hoja en blanco que rompe de su agenda. Allí escribe como puede, desde el alma, Luis… Luis… y se va.

Por  Dardo Abbattista

 

*gabriellaporte@yahoo.com.ar

Luis, en su casa de Quilmes, con Miguel y Gabriel, sus dos hermanos.
Luis, en su casa de Quilmes, con Miguel y Gabriel, sus dos hermanos.
Con Margarita Amengual, su madre.
Con Margarita Amengual, su madre.
Cuando terminaba el secundario en el Nazareth de Quilmes.
Cuando terminaba el secundario en el Nazareth de Quilmes.

Dardo Abbattista Quilmes

Mi hermoso padre

Jueves, 22 de Octubre de 2009

dardopadre1Mi abuelo Hilario lo levanta en brazos y, orgulloso del varón, lo muestra al mundo y lo va a llamar Juan, en honor a su padre, cultivador de aceitunas, de papas, de tomates y cocinero de panes, de pizzas y también leñador, y Angel por su amable hermano. Así, y de una mano partera que lo toma del vientre de María, nace mi hermoso padre, Juan Angel Abbattista, en el barrio “Las Ranas”, ubicado en el Docke, cerca de la Usina. Pega su primer grito un 6 de abril de 1928, en casa de Juan, un hermano de mi abuelo, donde todos juntos, venidos de Italia, vivían en familia. Aunque, de la alegría, mis abuelos, se tomaron todo el día para festejarlo y anotarlo después, el 7 de abril. Pero a los pocos días de su venida al mundo terrenal, tan chiquito, los arreó a todos para Quilmes, con ganas de no abandonarlo jamás como de verdad ocurrió. Leer más…

Dardo Abbattista Quilmes

La feria más grande de Latinoamérica, está en Solano

Martes, 13 de Octubre de 2009

No sé quién le habrá puesto semejante título, pero viniendo de un pueblo de tantos inmigrantes del interior del país y limítrofes, seguramente no será un embuste. Nuestra gente conoce la feria de Simoca, en Tucumán, las ventas ambulantes en Paraguay y Bolivia, la feria de Pisac en Perú, y cómo se intercambia en Jujuy, Salta o Corrientes. Y acá confluyeron todas. Así, pues, bien ganado debió ser esto que constituye hoy nuestro orgullo nacional, incomparable a cualquier otro fenómeno. Y quien ha recorrido un poco el país y el mundo comprenderá que más de trece cuadras de extensión, no se ve en cualquier lado (ni en el Zócalo de México, ni en el Mercado de Pulgas de El Cairo).

feria solano

Originalmente, estaba dispuesta sobre la Avenida 844, pero luego se instaló desde la Estación, a lo largo de la Avenida Donato Álvarez, y avanzando cada vez más hacia la Avenida Isidoro Iriarte. Hoy continúa más allá aún, sin que sea oficioso. Del carro al estante, del caballete al piso, las miradas y los gestos de los vendedores van cambiando de la economía formal a la informal, a medida que vamos caminamos del centro a la periferia. Un joven conocido periodista de televisión, poco antes de arrojarse por la ventana de su departamento, hizo una última nota en la feria de Solano, y allí apenas se vio la mirada liberal de un porteño aparentemente “desprejuiciado”, sin poder penetrar más que un poco de su superficie.

Para recorrerla hay que establecer una estrategia de compra: alimentos, ropas y enseres, electrodomésticos y artículos para el hogar, nuevos o usados, y objetos diversos de incierto origen. Olor de chipá, choripán y empanadas fritas. Ajos y morrones de las cholas. Desde las especies, hasta el pantalón, la camisa, la púa de un tocadiscos de pasta, un florero del siglo XIX, un lavarropas último modelo, cuises, gallinas vivas, herrajes para el caballo, inodoros usados, cuchillos, mecedoras, facones, el ojo de buey de un barco, verduras y frutas, un libro incunable en francés que ni su dueño conoce. Todo es posible dentro de esta fantasmagoría real.

La ley del trueque transformada en dinero, bien de cambio. Pero también la posibilidad de palpar, regatear, conversar, comprar lo que se necesita. Mundano laberinto en línea recta. Descenso a un baño de pueblo donde todo es posible: la brutalidad y el encanto, la tersura y la necesidad, la miseria, la lujuria y la avaricia de los objetos; la supervivencia.

A comienzos de la década del 90, a escasos treinta metros de la feria, una pequeña imagen de la Virgen de la Rosa Mística derramó aquí lágrimas de sangre, en una modesta casa particular. Entonces, el lugar también se convirtió en una larga peregrinación de creyentes que vinieron de todas partes del país. Se hicieron misas al aire libre. Se reorientó el tránsito, se pusieron vallas, y fue una romería de velas, rosarios, crucifijos y estampas. Feria y misterio. El mensaje del cotidiano vivir de todos los miércoles y sábados.

Por Víctor Gabriel Gullotta de su próximo libro “Luciérnagas de Solano ”. Un relato mágico y vivencial de su Solano natal. El año que viene, y por el mes de octubre, se cumplen 60 años de la fundación de San Francisco Solano. Buen acontencimiento para que el libro pueda dar a luz.

Victor Gabriel Gullotta Quilmes

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