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El inventor de los dibujos animados

Jueves, 1 de abril de 2010

Quirino Cristiani

 

Un ejemplo para Disney

El 9 de noviembre de 1917 se estrenaba en el cine Select Suipacha el largometraje “El apóstol”, con el que el dibujante italiano Quirino Cristiani sorprendía al mundo entero con su obra cumbre: la invención de los dibujos animados.

Cristiani, que había nacido el 2 de julio de 1896 en el modesto pueblo piamontés de Santa Guilletta, fue traído por sus padres en 1900 a Buenos Aires. Desde pequeño demostraba su bohemia e inclinación por el arte al obtener algunos “ceros” por distraerse en clase realizando caricaturas.

 

Quirino en su estudio.

Quirino en su estudio.

 

Ingresó en su adolescencia en la Academia de Bellas Artes, pero la calle y las redacciones pudieron más; de esa manera, Quirino comenzó su labor como dibujante en la revista “Sucesos”; luego aportó su oficio a “La Gaceta de Buenos Aires”, para recalar en 1916 en el noticiero “Cine Revista Valle”, su director le encomendó idear movimientos a las caricaturas políticas que divertían a la concurrencia.

Para lograr que las figuras tomasen vida, el pionero de la animación dibujaba retratos humanos y de animales que recortaba en trozos anatómicos. Más tarde los colocaba sobre un pizarrón apoyado en el suelo horizontalmente y en un caballete montaba una primitiva cámara “Urban” con la que accionaba 16 veces su manivela y movía pacientemente los cartones para dar la sensación de un solo movimiento completo del personaje. La luz solar y la azotea completaban el escenario de la fatigosa prueba.

En la realización de “El apóstol” se confeccionaron la friolera de 158.000 dibujos, seis meses de trabajo y 1.700 metros filmados uno por uno por Cristiani. Era una sátira al entonces Presidente Hipólito Yrigoyen y duraba setenta minutos, con el libreto de Alfonso de Laferrere y la producción de Federico Valle.

 

Y ya entonces, la estúpida censura

 

 El precursor italiano sufre la primera censura por parte de la Munipalidad a su largometraje “sin dejar rastros”. Este traspié lo obliga a retomar las actividades periodísticas, trabajando en distintos medios gráficos de la época y elaborando, paralelamente, cortometrajes publicitarios, políticos y deportivos, entre los que citamos “Firpo-Dempsey”, “Humberto de garufa”, “Argentinos en Sevilla”, etcétera, para desempeñarse en 1927 como director de publicidad de la Metro-Goldwing-Mayer e inaugurar el año siguiente su propio laboratorio fílmico.

Quirino emprende la tarea de crear al primer largometraje en el mundo de dibujos animados sonoro y lo logra en 1931, con “Peludópis”, una sátira dedicada, como “El apóstol”, a H. Yrigoyen, con la duración de 80 minutos. Pero, con la revolución de 1930 el gobierno de facto de José E. Uriburu censura esta magnífica obra que, no obstante, es presentada aunque no dura más de un mes en cartel y provoca una pérdida de $25.000 al realizador.

Sin embargo, estas viscisitudes no desanimaron a Cristiani que continuó con los filmes “Carbonada” y “El chiste animado”, hasta que estrena en 1938 “El mono relojero”, basado en un cuento de Constancio Vigil y con la participación en los diálogos de Pepe Iglesias “El Zorro”, recibiendo premios de la Municipalidad metropolitana.

 

“El Mono Relojero” realizada por Cristiani en 1938

“El Mono Relojero” realizada por Cristiani en 1938.

 

 

El mundo de Disney,

el mundo de Quirino

 

Una de las mayores satisfacciones que tuvo Quirino Ciristiani fue la visita que realizó Walt Disney en 1942 a su estudio cinematográfico. Cuando el realizador norteamericano vio “Peludópolis”, se suscitó este diálogo:

 

“Peludópolis”

“Peludópolis”

 

Disney: ¿Con cuánto personal realizó esta obra?

Cristiani: ¿Qué equipo ni personal? Lo realicé todo yo. No sólo la creación de los personajes sino también los dibujos.

D: ¡No puede ser, si nosotros necesitamos 20 dibujantes!

Allí mismo, Disney le ofreció a nuestro artista un puesto en su equipo, pero Quirino rechazó la tentadora oferta porque había echado raíces en Argentina.

Quirino, ayudado por Atilio, el mayor de sus dos hijos, continuó al frente de su laboratorio pero se trasladaba periódicamente a la ciudad cordobesa de Unquillo para encontrarse con el afamado pintor Lino Spilimbergo, hasta que un incendio en 1962 se llevó para siempre la valiosa filmografía pionera del cine mundial obligando a Cristiani aun retiro forzoso. Vivió en Córdoba, más tarde en Wilde y se afincó, definitivamente, a partir de julio de 1980 en la casa de la calle Rodríguez Peña de Bernal, en compañía de su nieto mayor, Héctor y familia.

En 1981 fue invitado a su pueblo natal, donde fue presentado el libro “Due volte 1 Océano” (vida de Quirino Cristiani) de Giannalberto Bendazzi; se le suma a esta hecho el filme-reportaje que llevó a cabo Jorge Surraco presentado en la Escuela Panamericana de Arte.

Pero, ¿de dinero?, ¡Ni hablar! Mientras Wald Disney construía un imperio multimillonario, Quirino Cristiani, su ejemplar antecesor, solicitaba una pensión a la vejez para poder sobrevivir.

Aquejado por un soplo cardíaco, Quirino Cristiani falleció, mientras dormía, el 2 de agosto de 1984 en Bernal, a los 88 años de edad y dejando un legado para sus vecinos quilmeños de quien jamás claudicó ante la tentación del dinero ni el poder; asemejándose a un pájaro que, invocando la libertad, extendió sus alas y se largó a volar.

 

Por Enrique Rodríguez

 

Publicado en el número 1 de Los Indios Kilmes, que salió a caminar, el 10 de junio de 1993. hector_cristiani@yahoo.com.ar, es el correo de su nieto y, Dos veces el océano, el libro del historiador italiano, Gianalberto Vendazzi.

Quirino Cristiani, todavía aguarda que, en Quilmes, alguna plaza, teatro o escuela, lleve su nombre como en Unquillo, Córdoba, el lugar donde también vivió.

Dardo Abbattista Quilmes

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